En la provincia de Buenos Aires, durante muchos años, un inventor trabajó sin descanso con la única idea de construir su propia nave espacial. De manera secreta y artesanal fue diseñando los distintos módulos de la nave, que en principio fue hecha para albergar hasta ocho tripulantes, pero que a la hora de partir se quedaron reducidos solo a cuatro. Con aprovisonamientos un poco absurdos, casi sin mapas, y con un vehículo a medio terminar, partieron hacia el espacio. La nave en la que viajaban no tenía nombre. Tampoco tenían una misión planeada. Los cuatro deseaban tanto explorar otros mundos que se embarcaron en aquel viaje sin pensar en nada, ajenos a los peligros y decididos a todo...

